3.6 Semblanza I: La Casa del Cónsul

Cuando F. J. Parcerisa, litógrafo español del siglo XIX ( 1803-1876), dibujó en su obra “ Recuerdos y bellezas de España “,  la Plaza Mayor de Astorga hacia 1864, a mano derecha de la lámina aparece una casa de corredores  abiertos,  que en  ese momento era una Posada.  Se desconoce el  nombre, pero desde luego  era un espacio abierto al público que ofrecía a los viajeros un lugar donde  comer y dormir.

Un comerciante leonés de Santa Maria del Páramo, Claudio del Egido, vino a instalar su negocio en Astorga. Y se fijó en esa casa, quizás porque su socio Ignacio Prieto, tenía una tienda en la misma plaza.

La compró en 1882 a la familia Gullón y pagó por ella 10.000 ptas. La derribó totalmente y dejó de ser una casa de adobe, con corredores abiertos en la fachada, para pasar a ser un edificio de piedra con dos pisos y desván. El primer piso tenía un mirador largo, todo en madera, y el segundo cuatro balcones. La planta baja la ocupaba el gran comercio y almacén de Claudio del Egido. Y allí también instaló una pequeña fábrica de chocolate.
Claudio y su esposa, tuvieron 3 hijos. La hija mayor, Aurelia, se casó con Domiciano Prieto Carbajosa, hijo de Ignacio Prieto, el socio de su padre. Esta nueva familia se instaló en la segunda planta de la casa. Allí nacieron sus 6 hijos siendo Ignacio Prieto del Egido el segundo y el único varón. Las demás fueron féminas. Domiciano se hizo cargo del negocio de su suegro, cuando este falleció.

En 1902 Julia del Egido Casado , hermana de Aurelia, contrae matrimonio con un “ indiano “ recién regresado de Argentina,  el ingeniero Santiago Alonso Criado. En 1909  se abre el Consulado de Argentina en Astorga que se instala en el primer piso de la casa.  El despacho del cónsul  es visitado a diario por muchas personas  y las sobrinas  ayudan con cariño.  Aurelia se encarga de la bandera blanquiazul, Lola hace de mecanógrafa y  Adolfina, la más pequeña, solo atiende la puerta.

En 1910 el  viejo mirador de madera deja paso a uno nuevo y  más moderno, fabricado  en metal y cristal. El cambio es sustancial. También hay cambios  en el portal,  que  se llenará de azulejos sevillanos,  grandes plantas en maceta  y una  amplia escalinata de madera.  Parece una nueva casa y más elegante.

Poco después, el cónsul ayudará a su cuñado Domiciano Prieto y al joven hijo de éste, Ignacio,  a emigrar a la Argentina.  Es el año 1914. Está a punto de estallar en Europa la Primera Guerra Mundial. La situación de España, con sus guerras africanas, es incierta. La economía decae.

 

Entonces se cierra el negocio familiar,  que ocupaba todo los bajos  Años más tarde se alquilarán estos locales y allí se instalará una nueva familia que se quedará definitivamente. En   enero de 1921, las jóvenes del   segundo piso bajan a vivir  al piso primero.  Se ha muerto  su madre, Aurelia  del Egido, esposa de Domiciano y madre de Ignacio, por causa de  la gripe maligna. El cónsul y su esposa  Julia se hacen cargo de las sobrinas.

En 1936 estalla en España una terrible Guerra Civi, en la que la familia perderá  4  de sus miembros.  En 1939 termina la contienda española y comienza la Segunda Guerra Mundial. Ese mismo año, el Cónsul se jubila y el Consulado se cierra.

En Mayo de 1952 se celebran las Bodas de Oro del Cónsul y señora. Es una gran ocasión y la  casa se llena de gente y de fiesta. También ha venido para el feliz aniversario,   desde Argentina, treinta años después de su partida,  su sobrino Ignacio, ahora convertido en un famoso escritor y conferenciante.

Otros sobrinos lllegan todos los veranos desde Bilbao para estar con los “abuelos”.  El cónsul se ha hecho mayor, anciano. Pero aún  pasea su encorvada figura por el mirador de cristal y disfruta observando la plaza.  Muere muy cercano a cumplir los 95 años.

Para sus honras fúnebres se instalará la capilla ardiente en el antiguo despacho del Consulado y allí se acercarán para darle el último adios,  una riada de astorganos y maragatos.  Es noviembre de 1957 y su esposa, Julia,  todavía  le sobrevivirá tres años de soledad. Fallecerá  en el otoño de 1960.

Poco despúes, como en 1882,  la casa será derruida completamente.  Algún resto romano aparece en sus cimientos.  Años más tarde, una  empresa constructora decide levantar un hotel; así la  posada del dibujo de  Parcerisa volverá al cabo de los siglos, transmutada esta vez en el moderno Hotel  Astur Plaza.

Los recuerdos y vivencias  de los Egido, los Prieto, los Alonso… sin duda  habrán  quedado  impregnados en  los cimientos del nuevo edificio.  Por eso siempre será  “La Casa del Cónsul” para la historia de la Ciudad de Astorga .

Dra. Julia Gómez Prieto.  Profesora Emérita. Universidad de Deusto. Bilbao. 

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