1.2.2. Opiniones en la primera edición

la critica literaria

                             

 

 

 

De La Nación, de Buenos Aires:

Una trama simple y sencilla, sirve al autor de esta novela para hacer un relato amplio y documentado de la existencia apa­cible a veces, a veces atormentada, que llevan los pobladores de las regiones del sur del país, “pionners” del progreso, que se adentran en el corazón de las selvas y las montañas y que triun­fan en ocasiones y en ocasiones fracasan, pero que siempre saben dar una lección de energía, de tenacidad y de intrepidez.

A través de las páginas de esta novela entramos así en con­tacto con la naturaleza bravía del Neuquén y con sus pobladores indígenas, en su mayor parte los vilipendiados araucanos…

El autor no ha pretendido, evidentemente, hacer labor retórica; porque el interés del detalle documental es casi siempre superior al de la trama novelesca, y porque los capítulos de índole folkló­rica son, sin disputa, los que más atraen por la sensación de verismo que les ha impreso el señor Prieto del Egido.

 

 

De Noticias Gráficas, de Buenos Aires:

Una novela con un argumento que lo mismo podría ser cualquier otro; es decir, un argumento que sólo sirve de motivo para construir una riquísima obra pletórica de observación y de clima. Eso es en breves palabras la “Novela de la Patagonia” de Ignacio Prieto del Egido…

Dentro del marco enorme y propicio de la Patagonia argen­tina, Ignacio Prieto del Egido sitúa a sus personajes en una especie de peregrinación a través de esas tierras de pintoresco relieve; y es tanto el contenido —no sólo descriptivo, sino que con toda justicia podríamos llamar documental— que existe en esta obra, que el papel patagónico parece no reservado a un hombre, sino a un am­biente; es como si lo individual desapareciera detrás de la masa natural y humana, que campea en toda la obra con la jerarquía de su sola presencia.

El arte popular sirve para reflejar la autenticidad de una expre­sión. Música, poesía, danza. Costumbres arraigadas en las socieda­des autóctonas, que pasan por el tamiz de una estética sin exigen­cias ni directivas; eso es el arte popular. Y nada mejor que él para retratar a un pueblo. Por eso gran parte del valor —que hemos llamado documental— existente en este libro reside en el acierto de saber reflejar todo ese acopio de agudezas punzantes, de modismos pintorescos, de comparaciones sutiles, que contiene el arte de tierra adentro; reflejo a veces descarnado y escueto, pero siempre fiel; labor quizás más meritoria que la verborragia —no siempre imaginativa— de que hacen gala muchos de nuestros ilustrados novelistas.

 

 

De La Razón, de Buenos Aires:

… “La Novela de la Patagonia”, divulga grandes enseñanzas relativas a las condiciones económicas, sociales, políticas y cultu­rales en que se desenvuelve la vida en aquellas alejadas regiones de nuestra tierra, huérfanas de medios de comunicación, de policía culta y de justicia eficaz.

La lectura seduce y alecciona. Pocas obras se han escrito últimamente sobre la Patagonia tan impregnadas de verismo, como esta novela de Prieto, donde no hay intrigas amorosas, pero sí una suma de informaciones útiles para el estudioso y para el gober­nante; para el sociólogo y para el ingeniero…

Ignacio Prieto ha dado a la literatura nacional un libro real­mente meritorio.

 

 

De Claridad, de Buenos Aires:

… “La Novela de la Patagonia” es una excelente novela del sur argentino: robusta, sana, objetiva, real… las mismas desviaciones del género, hacia la crónica o la historia, hacia el folklore o la geografía, contribuyen a dar al libro un interés superior, directamente entroncado con el que fatalmente debe despertar en los argentinos de las ciudades el conocimiento de un territorio sorprendentemente rico de sugestiones, de bellezas costumbristas y de una vida insospechable, pujante y generosa. La apariencia biográfica, por otra parte, facilita el vigor descriptivo, inyectándole humanidad. Es de suponer, pues, que con los elementos de que es poseedor Ignacio Prieto, con mayor dominio de la técnica del novelador, más experiencia y menos premura, podrá ofrecernos a muy breve plazo la verdadera novela de la Patagonia, con todos sus desgarraduras y crudezas, situándose así en primera fila entre los novelistas regionales del país.

 

 

De Ricardo Rojas:

“La Novela de la Patagonia” es una obra llena de interesantes sugestiones por su asunto y su sinceridad.

 

 

De Félix San Martín (carta al autor):

… Tiene su libro magníficas páginas que retratan con fidelidad fotográfica costumbres de este confín de la patria. Ha reunido usted datos y antecedentes interesantísimos acerca de los araucanos… Sus páginas, como más arriba apunto, son cuadros de una realidad que yo, con 32 años de vida neuquina, los firmaría con las dos manos… Que usted ha vivido en este territorio y posee un don superior de observación, no me cabe duda…

 

 

De Manuel Blasco Garzón:

Prieto del Egido, es antes que nada escritor. Escritor claro y limpio, que traduce en palabras sus impresiones y que da a sus ideas una expresión meridiana…

“La Novela de la Patagonia” tiene un valor documental inestimable y un valor literario que surge de la forma genuinamente sencilla de enfrentarse el autor con la vida que le circunda y con el paisaje que le rodea y le encanta. Y tiene además, este fecundo valor: es un libro patrióticamente argentino, en que se saca a la luz, sin acento polémico y en contemplación amorosa, un pedazo ingente del solar argentino, desconocido para muchos e ignorado para los más llamados a la realidad; este libro es un libro sana y fecundamente patriótico.

Eduardo Mallea ha escrito unas páginas vivas, eficaces, limpias, haciendo historia de una pasión argentina. Pues bien; éstas de Prieto del Egido, son eso. Pasión y dolor de argentinidad, que tienen el mérito de haberlas calentado el autor, con su propia vida, trasuntada a lo largo del libro con aquella leve desviación que hace imprescindible la necesidad de corresponder al título, dándole un carácter de novela.

Creo que ha sido Manuel Gálvez quien en una novela, “Hombres en soledad”, ha evocado esa desilusión del intelectual que se ve agobiado por el medio y que desea poner su planta viajera, en otros lugares de Europa, para llenarse el alma de vieja y pro­funda y sabia cultura. Como réplica documental, estas páginas de Prieto del Egido, son bien aleccionadoras. En ellas se dice esta verdad: la del paisaje magnífico, rotundo, cuajado de bellezas. La de las almas sencillas y claras, estremecidas de un ansia latente e intuitiva de saber. La del abandono de los hombres, que sitúan su ideal en viajes que no hacen la cultura, que está al alcance de todas las manos hoy y que tiene que labrarse aquí, con un acento, con un calor y con un ritmo, fundamentalmente argentinos.

Cuando se tiene presente un libro tan claro y tan profundo —la claridad no es enemiga de la profundidad—, uno labra esta conclusión: la verdadera obra está aquí. El verdadero acento se encuentra en el área argentina. Hay que hacer aquélla y sacar de mantillas éste, dándole un tono hispánico, aquel tono que tuvo eco ecuménico en la cultura del mundo en los siglos XVI y XVII y un matiz autóctono, que recoja esa complejidad de un medio en el que factores diversos, bajo un signo idiomático, labran el prodigio de esta fuerte y libre nacionalidad.

Esto y algo más, me inspira la lectura de este libro; libro que me deleita por su estilo ameno y sencillo, en el que surge la belleza con una clara facilidad, que revela un temperamento poético, de nobles y finas calidades literarias.

 

 

De Ángel Ossorio y Gallardo:

“La Novela de la Patagonia”, como reflejo de paisajes y cos­tumbres, es un libro excelentísimo. Tiene una exactitud fotográfica impresionante. Su realismo me ha afectado grandemente…

 

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